En la Fase II del Programa de Adaptación de Kiribati (KAP), una iniciativa de 5,5 millones de dólares respaldada por el Banco Mundial, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), el PNUD, AusAID y el Programa de Ayuda de Nueva Zelanda, voluntarios comunitarios plantaron más de 37.000 plántulas de manglar en las islas de Aranuka, Butaritari, Maiana, Makin y en Tarawa Norte y Sur entre 2006 y 2011, según el Banco Mundial.
Los resultados fueron mixtos y se informaron de manera transparente, en lugar de presentarse solo como un caso de éxito. Las plántulas sembradas en Bonriki y Nanikai, en Tarawa Sur, en 2009, sufrieron una mortalidad casi total en unos 18 meses. En otros sitios, especialmente a lo largo de la calzada de Ananau, las plántulas sembradas en 'grupos compactos' —que se protegen mutuamente del oleaje— alcanzaron tasas de supervivencia del 50-90% y un crecimiento medible, lo que orientó las directrices de replantación emitidas posteriormente para Kiribati.
El programa ilustra tanto el potencial como la fragilidad de la protección costera basada en manglares en entornos de atolón: la estabilización de la costa es alcanzable, pero muy sensible a la elección del sitio, la exposición al oleaje y la técnica de plantación, y los resultados no fueron uniformes en las seis islas cubiertas.
De dónde se obtuvo la información de esta práctica, y cuándo.