La Comisión Electoral Nacional Independiente de Nigeria (INEC) introdujo el Sistema Bimodal de Acreditación de Votantes (BVAS) —un dispositivo portátil que compara la huella dactilar o el rostro de un votante con el padrón electoral— como actualización del anterior sistema de lectores de tarjetas, implementándolo a escala nacional para las elecciones generales de febrero-marzo de 2023, que abarcaron a 93,4 millones de votantes registrados.
La observación nacional independiente atribuye al BVAS un historial en general positivo pero incompleto. El conteo paralelo de votos 'Watching the Vote' de Yiaga Africa, basado en informes de 1.358 de los 1.507 colegios electorales muestreados, constató que el BVAS se utilizó durante toda la acreditación en el 99% de los colegios muestreados y 'funcionó correctamente' en alrededor del 88% de ellos, mientras que falló y fue reparado en el 9% de los colegios y falló y fue sustituido en otro 2%.
La Misión de Observación Electoral de la Unión Europea registró una tasa de fallos más alta el día de la elección presidencial, constatando que el BVAS no funcionaba correctamente en 25 de los 240 colegios electorales observados (alrededor del 10,4%), concentrados en estados específicos, aunque informó de problemas notablemente menores en las elecciones estatales celebradas tres semanas después, tras que la INEC introdujera medidas correctivas. El Grupo de Observadores de la Commonwealth también citó 'deficiencias significativas', atribuyéndolas a pruebas preelectorales insuficientes y a una formación limitada del personal de los colegios electorales, además de fallos independientes en el portal de carga de resultados en tiempo real de la INEC (IReV), que dañaron aún más la confianza pública incluso donde el propio BVAS funcionó.
El BVAS supuso una mejora respecto a la tecnología de acreditación anterior de Nigeria y dejó un registro biométrico auditable que posteriormente alimentó impugnaciones legales postelectorales, pero ni la muestra de Yiaga Africa ni el informe de la misión de la UE se traducen en una única tasa de fallos nacional autorizada, y ningún estudio independiente riguroso aísla el efecto neto del BVAS sobre el fraude o la participación. La práctica se entiende mejor como un despliegue a gran escala y parcialmente evidenciado, con carencias operativas reales y documentadas, más que como una historia de éxito demostrada.
De dónde se obtuvo la información de esta práctica, y cuándo.