Desde la división de Chipre en 1974, una zona de amortiguación patrullada por la ONU, con varios cientos de metros de ancho en algunos tramos, atraviesa el centro de Nicosia y el resto de la isla, cerrada a la construcción, la agricultura y la mayoría de las actividades humanas.
En 2007, un equipo científico conjunto grecochipriota y turcochipriota, respaldado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), realizó el primer estudio sistemático de biodiversidad de la zona y documentó 358 especies de plantas, más de 100 especies de aves y 18 especies de mamíferos. Por separado, el programa de monitoreo del Servicio de Caza y Fauna de Chipre, en marcha desde 1997, ha seguido la recuperación de la población de muflones de la isla hasta unos 2.500-3.000 ejemplares, una parte importante de los cuales se refugia dentro de la zona de amortiguación, en particular cerca de la aldea abandonada de Variseia.
El responsable medioambiental del PNUD, Nicolas Jarraud, ha calificado la franja de corredor de vida silvestre de facto, pero se trata de una protección accidental derivada del estancamiento político, no de un programa de conservación diseñado como tal: no existe una autoridad de gestión dedicada, financiación recurrente ni certificación, y el futuro del hábitat depende por completo de una situación política que podría cambiar sin previo aviso.
De dónde se obtuvo la información de esta práctica, y cuándo.