Las Terrazas de Arroz de las Cordilleras Filipinas — inscritas por la UNESCO en 1995 y compuestas por cinco conjuntos de terrazas (Batad, Bangaan, Mayoyao, Hungduan y Nagacadan) construidas por el pueblo Ifugao a lo largo de unos 2.000 años, a más de 1.000 metros de altitud — fueron incluidas en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro en 2001. La UNESCO y el gobierno filipino citaron la deforestación, el abandono de las terrazas por la migración de los jóvenes a las ciudades, la erosión ligada al cambio climático y los daños sísmicos como causas del declive.
Las terrazas se sostienen gracias al sistema muyong — parcelas forestales privadas gestionadas por la comunidad situadas sobre cada conjunto de terrazas, que almacenan y liberan lentamente agua hacia los arrozales inferiores, una infraestructura indígena de retención de agua y suelo basada en la naturaleza, documentada como hogar de unas 264 especies vegetales autóctonas, en su mayoría endémicas de la región. La financiación de conservación tras la declaración de peligro combinó una asignación de emergencia de la UNESCO de 153.200 dólares para la conservación del sitio con un programa más amplio de reparación estructural del gobierno filipino, incluida una reconstrucción de unos 50 millones de pesos (aproximadamente 1,18 millones de dólares) de las terrazas de Batad, dañadas por un deslizamiento de tierra, completada en cuatro meses.
La financiación internacional y nacional combinada, canalizada a través de la Oficina del Distrito del Patrimonio Cultural y las Terrazas de Arroz de Ifugao, fue considerada suficiente por el Comité del Patrimonio Mundial para retirar el sitio de la Lista de Peligro el 27 de junio de 2012 — once años después de su inclusión, convirtiéndolo en uno de los pocos sitios de paisaje patrimonial retirados de la lista en lugar de perdidos o reclasificados.
Como salvedad, la presión del abandono no se ha eliminado: la propia justificación de la UNESCO para la declaración de peligro de 2001 señalaba explícitamente el 'desuso' de las terrazas por parte de las familias agrícolas emigrantes como una amenaza estructural persistente, y el mantenimiento sigue dependiendo del trabajo manual en los muros de las terrazas, que ofrece poco ingreso monetario frente a los salarios urbanos, por lo que la exclusión de la lista refleja una estabilización de la crisis y no una resolución completa del problema del abandono.
De dónde se obtuvo la información de esta práctica, y cuándo.