La Ordenanza de Conservación de la Naturaleza del Gobierno Metropolitano de Tokio, promulgada en 2001, exige que los edificios privados con una superficie construida superior a 1.000 m² (250 m² en el caso de edificios públicos) que se construyan de nuevo o se sometan a una reforma importante ajardinen al menos el 20% de la superficie útil de la cubierta; una modificación de 2009 elevó esta exigencia al 25% para edificios de más de 5.000 m². También se incluye el ajardinamiento a nivel de suelo y de muros.
Según el estudio de caso de C40, más de 5.700 edificios ya cumplían la normativa, sumando unas 180 hectáreas (1,8 millones de m²) de cubiertas verdes en toda la ciudad, frente a un objetivo inicial de 1.000 hectáreas para 2016, objetivo que quedó muy por debajo de lo alcanzado, lo que ilustra la distancia entre una meta ambiciosa a escala de ciudad y el cumplimiento real por parte de los edificios sujetos a licencia.
Un estudio de 2004, citado por varias fuentes, halló que las cubiertas verdes ligeras instaladas en edificios existentes podían reducir la temperatura superficial del tejado hasta en 25°C y la temperatura del techo interior entre 1 y 3°C, con plantas perennes y de tipo césped que superaban a las variedades de sedum en la mitigación del calor.
La información pública sobre la ordenanza se centra en la superficie que cumple la normativa y en este único estudio de temperatura de 2004; no encontramos monitorización de biodiversidad ni mediciones de retención de aguas pluviales publicadas de forma independiente y vinculadas específicamente a la ordenanza, por lo que esos beneficios se describen de forma cualitativa por parte de la ciudad y de fuentes del sector, sin cuantificar.
De dónde se obtuvo la información de esta práctica, y cuándo.