Bélgica puso en marcha en octubre de 2017 tres centros piloto de Zorgcentra na Seksueel Geweld (Centros de Atención tras la Violencia Sexual) en el UZ Gent, el UMC Sint-Pieter (Bruselas) y el hospital universitario de Lieja. Fueron diseñados por el Centro Internacional de Salud Reproductiva de la Universidad de Gante (UGent-ICRH) y los coordina el Instituto para la Igualdad de Mujeres y Hombres. Las supervivientes pueden acudir a cualquier hora, sin necesidad de denunciar antes, para recibir atención médica, un examen forense realizado por enfermeras forenses formadas, apoyo psicológico y, si lo desean, presentar la denuncia ante policías formados dentro del propio centro, con declaración grabada en vídeo.
La evaluación del año piloto halló una demanda muy superior a la prevista: 930 víctimas acudieron a los tres centros, frente a unas 600 que estimaban los profesionales. La edad media era de 25 años y el 29 % eran menores; también llegaron grupos vulnerables (personas LGBTQI, sin papeles, con discapacidad). Alrededor de tres cuartas partes acudieron en la primera semana tras los hechos. En los dos primeros años, el 68 % de las víctimas denunció; el prólogo federal de la evaluación lo contrasta con alrededor del 10 % fuera de los centros (comparación aportada por el Gobierno, no un estudio controlado). Víctimas y profesionales manifestaron una alta satisfacción por encontrar toda la atención en un solo lugar; los evaluadores señalaron una acogida de calidad desigual para quienes acudieron primero a comisaría.
La red ha crecido: el Instituto contabilizó 8 230 víctimas acumuladas en el informe anual de 2022 (90 % mujeres, 32 % menores, edad media 24 años, 62 % conocía al agresor, 78 % recibió atención médica en siete días), y la prensa belga informó de más de 5 000 víctimas en 2025 y más de 22 500 desde 2017, con 10 centros y tres más previstos. Parte del aumento refleja más centros y mayor visibilidad, no solo más violencia.
Limitaciones y lecciones: la evaluación piloto recomendó un marco legal para los centros y para la figura de la enfermera forense, más personal y financiación acordes con la demanda, soluciones para conservar las muestras forenses y mejor apoyo a quienes sufrieron hechos antiguos. No hay datos publicados de coste-eficacia y, en el primer año, muchas víctimas fueron seguidas menos de 12 meses.
De dónde se obtuvo la información de esta práctica, y cuándo.