En junio de 2017, la Oficina de Gestión de la Deuda (DMO) de Nigeria emitió un bono de diáspora a cinco años por US$300 millones, registrado ante la SEC de Estados Unidos y la UK Listing Authority, y listado en la Bolsa de Londres, estructurado como un instrumento minorista distribuido a través de bancos privados y gestores patrimoniales para llegar específicamente a nigerianos individuales en el exterior, y no solo a inversores institucionales.
El bono se fijó con una tasa del 5,625% y tuvo una sobresuscripción del 130%, según la DMO y como reportaron Vanguard News y Quartz Africa; los fondos financiaron parcialmente el déficit del presupuesto federal de 2017. El bono fue pagado en su totalidad al vencimiento en 2022, según el comunicado oficial de reembolso de la DMO — un ciclo de vida completo y documentado, poco común entre los intentos africanos de bonos de diáspora.
Advertencia: Nigeria no ha emitido un nuevo bono de diáspora en los años inmediatamente posteriores a 2022, y análisis comparativos de la ODI y la Brookings Institution señalan que la mayoría de los intentos africanos posteriores de bonos de diáspora (como los de Kenia y Etiopía) tuvieron un desempeño inferior al de la emisión nigeriana de 2017, lo que evidencia que una única emisión exitosa no se tradujo en un instrumento de financiamiento recurrente y consolidado.
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